Fotografía propagandística de ETA, sin fecha (ca 1968)
Armas, material explosivo, placas de matrículas y otros objetos incautados a ETA en un piso de Lekeitio (Bizkaia), el 5 de septiembre de 1972.
ETA perpetró su primer atentado en octubre de 1959, en plena dictadura. No obstante, su antifranquismo fue circunstancial. Desde su perspectiva, Franco era un «mero accidente histórico». Por eso la organización no solo continuó su actividad tras el fallecimiento del «Caudillo», sino que la aceleró: cometió el 95% de sus 853 asesinatos entre 1976 y 2010.
Para el nacionalismo radical, el fin justificaba los medios. En 1965 ETA adoptó la estrategia de acción-reacción-acción: provocar mediante atentados una represión indiscriminada contra la población vasca y navarra para que esta se uniese a la «guerra revolucionaria». Y, en efecto, el régimen reaccionó con la torpe brutalidad que se preveía. Ese mismo año la banda se felicitaba: «La dictadura del General Franco está siendo para nuestro pueblo infinitamente más positiva que una República democrático- burguesa».
El 7 de junio de 1968 ETA asesinó al guardia civil de Tráfico José Antonio Pardines. Sus siguientes víctimas mortales fueron el inspector jefe de la Brigada de Investigación Social de San Sebastián Melitón Manzanas (agosto de 1968); el taxista Fermín Monasterio (abril de 1969); el policía municipal Eloy García Cambra (agosto de 1972); y los jóvenes trabajadores gallegos José Humberto Fouz Escobero, Jorge Juan García Carneiro y Fernando Quiroga Veina (marzo de 1973).